Una vez alguien me dijo: “Coge el miedo de la mano y a seguir viviendo”. Y eso justamente es lo que hice al coger mi maleta y ponerme rumbo a Hungría. Septiembre de 2025 empezó cargado de dudas, incertidumbre y alguna que otra piedra en el camino, pero eso se terminó disipando conforme pasaban los meses en un país que empezaba a sentirse como mi hogar. Ese es el mayor regalo que tengo al acabar en julio de 2026.

El voluntariado me ha enseñado que a veces los problemas que nos preocupan no son tan importantes; que con resolución, determinación y ganas se llega a donde sea; que completos desconocidos se convierten en tus inseparables, en tu hogar; y que con un simple y pequeño “te quiero” o “me haces la experiencia más fácil” se soluciona mucho.
Llegué a Veszprém sin expectativas, solo por vivir la experiencia, y me llevé más de lo que jamás pude imaginar: nuevas amistades, seguridad, amor por lo que hago, confianza, una inquebrantable mentalidad y momentos que nunca olvidaré. Vivir en Hungría y ser voluntaria en la guarde me ha cambiado por completo y ofrecer todo lo que soy a otros me ha llenado en facetas que nunca podré explicar con palabras.
En mi caso, he convivido durante casi un año rodeada de pequeñas personitas que hacían imposible que estuviera triste un solo día y, aunque a veces la comunicación se veía interceptada por el húngaro, que es precioso, pero nada fácil, siempre sabían cómo hacerme sentir y qué decirme, pues o los terminé entendiendo en húngaro o ellos terminaron hartos de mí inglés. Llegué siendo consciente de que los niños no me agradaban demasiado y me voy con una completa vuelta de tuerca: ahora no me imagino no verlos cada día, no me imagino vivir sin sus ocurrencias, sus risas, sus pequeñas peleas…
Nunca antes me había sentido tan enriquecida, tan cambiada y tan madura, pero a la vez tan perdida, porque sí, hay mucho mundo por ahí y muchas experiencias que vivir, muchos sitios que visitar y muchas personas que conocer. Y la pregunta cuándo acabes es: ¿Y ahora qué?

Todos los que han formado parte de esta experiencia no lo saben, o quizás sí, pero mi vida no volverá a ser la misma después de Hungría. Y, sin duda, no hubiera sido lo mismo sin ellos: profes compañeras de trabajo, niños, mis chicas (Georgia, Francia, España, Lituania…) y, en definitiva, todos los que han estado ahí y han vivido este año conmigo. No puedo sentirme más agradecida y más preparada para el futuro que viene. ¡Nunca se vayan de esta vida sin experimentar, sin viajar, sin ayudar y sin compartir!
Alba

